Si todos los vehículos, fábricas y centrales eléctricas modernas perdieran repentinamente sus mangueras, la mayor parte de nuestro mundo se paralizaría en cuestión de minutos. El refrigerante no circularía, el vapor se escaparía y los productos químicos no llegarían a donde deben ir. En el corazón de muchos de estos sistemas hay un silencioso caballo de batalla.
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